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De todas las personas que intervienen en la filmación de una película, el stunt o doble es quien lleva la peor parte, pues se encarga de reemplazar en las escenas de peligro a las primeras figuras que no se atreven a exponerse al riesgo mínimo.
Si hay que saltar sobre un tren en marcha, caer de un caballo, chocar un auto a gran velocidad o tirarse al agua desde un puente, no es probable que el intérprete consagrado se decida a ejecutar la proeza, pues preferirá, casi seguro, la suplantación por un doble.
Aparte de que la cuestión tampoco hace gracia alguna a los productores del filme, toda vez que cualquier accidente durante el rodaje, por pequeño que sea, trae aparejado siempre demoras en la filmación, atrasos en el plan de trabajo y las consiguientes pérdidas económicas.
Aunque la tragedia ha salpicado a casi todas las cinematografías del orbe, la supremacía en accidentes ocurridos en esta especialidad la mantiene, por supuesto, la norteamericana, bien conocida por el afán de sensacionalismo (y de lucro) que anima a sus propietarios y productores. Porque si hay dinero a la vista no importa cuántos puedan perder la vida o sufrir graves percances.
Cuando se menciona el tema, frecuentemente salen a relucir los casos más notorios. Como lo sucedido en Murieron con las botas puestas, de Raoul Walsh, historia del General Custer que culmina con la famosa batalla de Little Big Horn, y que tiene secuencias sin duda sensacionales.
Pues bien, tres jinetes de los que intervinieron en una de las cargas de la caballería uniformada perdieron la vida. Uno de los accidentados, nombrado Bill Mead, halló la muerte cuando, al caer del caballo, el sable que esgrimía le atravesó el pecho.
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Richard Talmadge, el inevitable sustituto de Douglas Fairbanks y Harold Lloyd cuando la cosa se ponía fea. |
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Y si se habla de expertos desaparecidos, se hace referencia al célebre Paul Mantz, el doble-aviador que falleciera mientras rodaba El vuelo del Fénix, de Robert Aldrich, cinta sobre un avión que cae en pleno desierto a consecuencia de un fallo mecánico y los supervivientes deben coordinar esfuerzos para salir de allí con vida.
Otra cinta signada por el infortunio fue La conquista del oeste, del trío Ford-Marshall-Hathaway, una pretenciosa superproducción que, mediante cinco episodios, pretendía reflejar la saga del Far West, y en la que Bob Morgan, sustituyendo al actor George Peppar, perdió una pierna en un simulado descarrilamiento de trenes.
Después pudiera mencionarse lo ocurrido a A.J. Bakunas, experto en salto de alturas, quien se arrojó al vacío desde los 323 pies, mientras se filmaba Acero, de Steve Carver, y el paracaídas no se le abrió.
Existe, claro está, una larga lista de mutilados, inválidos y heridos graves. Pero quizás una de las cosas más curiosas sea lo ocurrido a Dick Grace cuando se partió el cuello en Alas, el laureado filme de William Wellman, ganador del primer Oscar a mejor película, y clásico de las cintas de aviación.
Su accidente fue uno de los cuatro que ocurrieron durante la filmación. Tenía que deslizar su avión a través de un campo de batalla y volcarlo sobre un cráter de un obús. Disciplinadamente así lo hizo. Pero algo salió mal.
Grace perdió el conocimiento con el impacto. Volvió en sí, pero dos días después se desmayó de nuevo. Llevado al hospital, se vio que la primera y segunda vértebras cervicales estaban aplastadas. También la cuarta y la quinta. La sexta estaba dislocada. Tenía una pequeña fractura en el esternón. Y por supuesto, múltiples magulladuras.
Le colocaron una escayola en el cuello. Le dijeron que debía llevarla puesta durante varios meses. Pero él sólo la tuvo seis semanas. Cogió un martillo, rompió el yeso y se escapó por una ventana del hospital. Nunca regresó y nunca volvió a ponerse aquello en el cuello.
Así las cosas, quedaba todavía por rodar el accidente final que aparece en la película. Y el contrato de Grace establecía que debía ser él quien estrellara todos los aviones de la cinta que así lo requiriera.
Un día, habló con uno de los actores del filme y le preguntó sobre la mencionada escena y lo que Wellman pensaba hacer al respecto. El hombre empezó a titubear y entonces Grace le dijo que aquello lo haría él. Que nadie le iba a quitar "su" escena.
Enterado el realizador de lo sucedido, fue a ver al accidentado y le expuso que no iba a dejar que la hiciera, pues iba a simularla. "Si lo haces entonces te demandaré", le dijo molesto Grace.
La escena se falseó y Grace demandó a Wellman por violación de contrato. Pleito que, por cierto, ganó el hombre de la escayola.
Entre los más célebres dobles del cine yanqui cabe destacar a Yakima Canutt, verdadero técnico que trabajó por espacio de medio siglo en las más arriesgadas y difíciles escenas. Richard Talmadge, el inevitable sustituto de Douglas Fairbanks y Harold Lloyd cuando la cosa se ponía fea. Gliff Lyons, siempre presente en cintas de vaqueros durante los momentos de mayor peligro.
Y George O Brien, Jock Mahoney, Rod Cameron y George Montgomery, quienes trabajaron como dobles en sus comienzos.
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